jueves, 9 de diciembre de 2010

Ejercicio

   Sarcástico frío atroz que vacila el aturdido golpe de vida, satisfaciendo la silueta inconclusa del ave solitaria recorriendo libre las estrofas de ese mar encajado en una situación involuntaria al juego de su obraje primitivo.

   El vidrio que se deja atravesar por el golpe frágil pero igual enfrenta su vida y no aparta en detalles, puede vencer al miedo, enemigo asesino que quita, y el terror aplana, el vicio suena el temblante eco de la raíz futura que desencadena el suspenso de tu apertura. Todo vuela mientras ellos bailan y cantan pero no imaginan, no sueñan, mi reproche alarga su glamour, pero superficial como ellos que no lloran porque no sienten y no ríen porque de qué.

   La arritmia aflora del desconsolado abejorro que clavó su aguijón.

   Revive el pastor alado que lleva a sus secuaces al sonido de la libertad, sin domar el paisaje, y el tapiz te marca la resaca de la naturaleza que vive de la lluvia y resopla soluciones al pasado revivido por el amanecer.

   No hay fin, sigue derecho sin camino, nadie te para ni te gritará, no te arrodillarás.

   Esa glicina acústica reluce la visión con sus hojas, como gotas violetas, caen con el viento y las vainas que buscan la futura vida, remontando el barrilete que ya recorrió los mares y toda la extensión que nadie detendrá con un lazo, tal vez con dos, pero su sentir vive alegre en el viento, y el rayo sólo lastima su carne y no desenfunda antes de tiempo, sino que aguarda el momento exacto para desplegar sus sueños de la pantalla podrida de imágenes turbias y distorsionadas en espíritu.

   Recalza la vía en ese viaje, el tren no repliega la salida del viajero pero alucina de compañía, habilitando su llegada por donde sólo el sabe. Abriendo el sonar de está esa sirena que baldeará tu mente hasta cansar la utopía marcada por el tiempo que descansa sin más que tu permiso, y retiene el fin de la era que no llega pero amenaza constante, sin cuajar en la época marchita de esa banda que avanza anarquista hacia la victoria desconocida, que no reconoce fin sin más que espada y sangre. Luego amanece y no violan los guerreros al tiempo vivo.

   Tu cara que, recorrida por el néctar de tus ojos, lagrimea sentimientos y reparte causas a la relación del marino perdido y solo en medio de la mar, contaminándose con la falta de paisaje insospechado por la ilógica sonrisa del vientre de vida que añora su llegada, y nacerá la idiota mirada al mundo perdido de aquel almacén irreal de la vida anclada.

    Otra vez apura el fin la mano.

   Ronco alarido que alisa tu mirada y distancia el objetivo que dejaste caer en la brisa del amanecer hermano que se llevó tu último suspiro a recorrer la vital confusión del resto del planeta.

   Recalza el fin sin sonar la abadía perdida, pero busca estímulo sin apaciguar la vida vista por la guardia, perdida al atardecer que caía en el horizonte irradiante de ser abstracto, inspirado por las crujientes olas.

   Al volar, dejo todo, y no sigo sin percatar la cera que empasta mis alas, y no revuelco, sino revoloteo alejándome sin rumbo, sólo alejándome al infinito, al final, pero a buscar respuestas.

Escrito el 15 de agosto de 1996.

Carta al poeta

dedicada a las musas.
Cuéntame poeta
cómo es la luna
y no la de un tal
Louis Armstrong.


No olvides poeta
tu sueño de volar
con la pluma del ala
y la necesidad.

Cuéntame poeta
si es el desamor
lo que constituye
el diccionario del amor.

Adviérteme poeta
me tengo que cuidar
de las musas excusas
y del amor de verdad.

Ríete poeta
aún buscan la verdad
hilando las razones
y no en un corazón.

Cuéntame poeta
por qué Carlota
no te amó.

Sueña hoy poeta
con la felicidad
que harta la desdicha
en esta soledad.

Engáñame poeta
algún día me querrán
las musas excusas
o el amor de verdad.

Entiéndeme poeta
y brinda a mi salud
un dulce vino agrio
del que insisto beber.

No tiñas poeta
el blanco de tu hoja
con la sangre de inocentes
y el azul del metal.

Recuérdame poeta
que tu pluma aun
es más fuerte
que cualquier misil nuclear.

No dejes poeta
que un general
mate a tu canto
por ser alimento.

Cuéntame poeta
cómo es el infierno
en esta comedia
mal actuada.

No dejes poeta
tus formas de dibujar
con la tinta del cielo
de la noche y de la rosa.

No permitas poeta
que un psicoanalista
convierta a tu rey Edipo
en delirios muy complejos.

Conviértete poeta
en vocero de los sueños
de la gente que con miedo
encarna la realidad.

Escríbeme poeta
si algún día te vas
y explícame cómo
solo poder soñar.

Arrúllame poeta
y hazme contemplar
la aurora y el alba.

domingo, 8 de agosto de 2010

Obra completa

El problema es claro; Foucault nunca cita el contenido de la Boleta de lavandería de Nietzsche; impidiéndonos, de esa manera la resignificación en el conjunto de su obra.

lunes, 5 de octubre de 2009

Dualismos I

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sábado, 5 de septiembre de 2009

Una buena idea

Muy interesante el proyecto de este hombre (Michael Pritchard). Propone que frente a una catástrofe, donde se dificulta trasladar agua potable para las víctimas, es mejor permitirles potabilizar el agua que tengan cerca. Ideó para ello un sistema que lo hace, la Life saver bottle. El sistema consiste en una botella con un filtro, lo suficientemente pequeño para las bacterias y virus conocidos. Además, soporta un gran número de usos.


Prensa: http://www.lifesaversystems.com/press.html

Dictadura del ámbito privado

Se ha dicho muchas veces que en la actualidad y con el advenimiento del neoliberalismo la esfera política perdió poder y éste quedó casi por completo en manos de los grupos económicos. La experiencia particular me ha puesto hace un par de días en una situación que me resultó atemorizante por la naturalización de este proceso. Me contactaron de la empresa de telefonía móvil a la que soy abonado para avisarme que a partir del próximo mes tendría una cierta cantidad de números free, una cantidad de minutos libres, otra cantidad de S.M.S. dentro del plan, bla, bla, bla. Como corolario comentó el “promotor” que mi abono sería de determinado monto (obvio, mayor al que pago con regularidad). Lo que me impactó fue el margen nulo de decisión que me dejaba. No me estaba proponiendo o promocionando un servicio; por el contrario, su discurso me avisaba cuál sería mi relación contractual futura. Por supuesto que, aunque no se me consultó, me negué. Como respuesta recibí una pregunta: “¿Por alguna razón en particular?”. “Sí”, le contesté, “no estoy dispuesto a pagar más caro”. Se puede argumentar que, finalmente, mantuve mi decisión. Sin embargo, ya es un paso muy importante que desde el servicio se plantee como una imposición lo que es una promoción.

Sé que es un suceso completamente banal, pero si en este pequeño plano de nuestras vidas las cosas se manejan así, en dimensiones mayores no debe diferir mucho.

sábado, 22 de agosto de 2009

¿El gesto del Fénix se mantiene vigente cuando se hace rutina?

Sin saber detalles todos conocemos lo elemental de esta leyenda. Imagino, en cambio, un incendio repetido, un renacer cotidiano. Toda la impronta de mérito que descansa en el resurgir desde lo más hondo ¿pierde su encanto si se convierte en ordinario? Es decir, el gesto del Fénix escapa del orden, obliga a pensarlo en oposición, en contraste, en enfrentamiento con una cotidianeidad, me parece. Por el contrario, la repetición rutinaria es la máxima consagración de la idea de cotidiano. Un ave que resucita todos los días le quita el valor a su sacrificio; lo instaura en el orden del día.

Sólo quedaría preguntarle a Heráclito, creo, si el resucitar de un día es exactamente igual al anterior o si sus distintos ríos podrán apagar las llamas que consumen al Fénix cada vez de distinta manera.

sábado, 15 de agosto de 2009

Boleto electrónico

Además de todas las ventajas que menciona esta nota, el hecho de que la tarjeta sea personalizada y de que combinado con el GPS se identifiquen los arribos para poder definir frecuencias, bla, bla, bla…; se me ocurre que se tendría un control de quién subió en qué parada. No impongo la idea de que eso sea necesariamente malo, pero creo que debería decirse y abrir el debate, y no justificar la personalización de la tarjeta por la posibilidad de denunciar el extravío o robo y recuperar los saldos.